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El marido que cuidó la casa (Parte I)

Por febrero 25, 2019Blog, Mujer

El marido que cuidó la casa (Parte I)

El marido era un hombre tan malhumorado que
pensaba que su esposa nunca hacía nada en casa. Una
noche regresó a casa quejándose porque la cena aún
no estaba servida, el bebé estaba llorando y la vaca
aún no estaba en el establo.

—Me deslomo trabajando todo el día —rezongó— y
tú te quedas en la casa, que es lo más fácil, ojalá que
para mí fuera así de sencillo. Yo sí serviría la cena a
tiempo, te lo aseguro.

—Querido, no te enfades tanto —dijo su esposa—.
Mañana cambiaremos nuestras tareas, yo iré a trabajar
al campo y tú te quedarás a cuidar la casa.
Al esposo le pareció muy bien.

—Me vendrá bien un día de descanso —dijo—. Haré
todas tus tareas en un par de horas y dormiré toda la
tarde.

A la mañana siguiente la esposa se fue al campo y el
esposo se quedó a hacer las labores de la casa.
Primero lavó ropa, luego se puso a preparar
mantequilla, pero al poco tiempo recordó que debía
colgar la ropa para secarla. Fue al patio, y acababa de
colgar las camisas cuando vio que el cerdo entraba a
la cocina. Corrió para ahuyentarlo
y evitar que volcara el recipiente de la mantequilla,
pero apenas entró se dio cuenta de que el cerdo ya
estaba gruñendo y lamiendo la crema, extendida por todo el suelo.

El hombre se enfureció tanto que se olvidó de las camisas y corrió
hacia el cerdo. Lo capturó pero el animal estaba tan
embadurnado de mantequilla que se le resbaló de los
brazos y atravesó la puerta. Salió detrás de
él pero se paró en seco al ver en el patio a la cabra,
masticando y engullendo las camisas.

El hombre ahuyentó a la cabra, encerró al cerdo y bajó
las camisas que quedaban. Luego fue al depósito y
descubrió que quedaba crema suficiente para batir
mantequilla que necesitaban para la cena. Cuando
empezaba, recordó que la vaca todavía
estaba encerrada en el establo, y no había comido ni
bebido nada y ya era tarde.

¿Qué les parece queridas mujeres? Quise compartir esta historia para invitarlas a reflexionar, quiero mostrarles cómo el trabajo que las mujeres realizan en su casa es tan poco valorado y así ha sido durante siglos.

Por mucho tiempo fueron muy apreciadas las actitudes de obediencia y
sumisión en las mujeres, lo que provocó que se limitaran las actividades que podían desempeñar y que las mujeres mismas dudaran de sus capacidades; hoy les digo: No es cierto que calladitas nos vemos más bonitas.

En todas las áreas de actividad en el mundo, las mujeres poco a poco vamos logrando que nos escuchen y nos admiren por nuestros talentos y cualidades. Y esa es una de las razones principales que me impulsaron a escribir mi libro Calladita me veo más bonita. ¡Ni madres! (También disponible en eBook, ) Acompáñenme a leer la segunda parte de esta bonita historia.

Por Ale Velasco.
Abrazo de Chango Marango