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La Culpa

La Culpa

Culpa es ese sentimiento con el que cargamos las madres y que nos hace dudar de si estamos haciendo lo correcto con la educación de nuestros hijos, de si somos buenas madres, si los dejamos mucho tiempo solos, si debemos trabajar o mejor quedarnos en casa a cuidarlos; en fin, tantos y tantos pensamientos que nos impiden desarrollar todo nuestro potencial como mujeres y como profesionistas.

La culpa es como una brújula, un sensor interno que nos guía por el camino de ser madres. A veces, la cargamos en la espalda; otras, sentimos una fuerte opresión en el pecho o angustia que nos dificulta la respiración,  pero tal vez no sea tan mala y hasta es posible que sin este sentimiento nos dedicaríamos a trabajar todo el día sin dejar tiempo para compartir con nuestros niños.

Es difícil dejar de sentirla, pero lo importante no es verla como una carga, sino como una oportunidad para hacer conciencia de lo fundamental de compartir tiempo con los hijos.

¿Les ha pasado que si están en el trabajo no se pueden concentrar por estar pensando en los hijos y cuando están en casa, la mente la tienen en los pendientes de la oficina? ¿Por qué no podemos llegar al justo medio? Ser felices en el hogar

y también en el trabajo. ¿Cómo lograrlo? Concentrándonos al cien en la situación que estamos viviendo, de esta forma disfrutaremos más y seremos más eficaces de acuerdo con lo que se solicita de nosotras en este preciso momento, si estamos en casa, dedicarnos a la familia y durante el horario de trabajo, focalizarnos en lo que se requiere de nosotros en ese momento.

Hoy, es común que tanto la madre como el padre trabajen para sostener a la familia y los hijos tienen que saber que por esta causa en ocasiones se les deja al cuidado de otras personas.

Si eres de las mamás que trabajan es esencial que le digas a tu hijo que deseas estar con él y que cuando lo haces disfrutas de su compañía, que  te resulta difícil tener que dejarlo en la guardería o en la escuela, pero que esto también es parte de tus responsabilidades.

Algo que he notado es que si nuestras madres o abuelas no trabajaron fuera de casa es más fácil que experimentemos sentimientos de dolor, tristeza y profunda desolación al dejar a nuestros hijos al cuidado de alguien más.

Transformemos esta angustia, en un esfuerzo por hacer que nuestros hijos se sientan amados, dediquemos al menos 20 minutos al día sólo para ellos, esto será el mejor regalo y te aseguro que ambos lo disfrutarán  en verdad.

Por Ale Velasco.
Abrazo de Chango Marango