Mary Paz Albarrán

Soy admiradora del ser humano, su riqueza y sus enormes capacidades. Me apasiona la incansable búsqueda en la que se afana por encontrar el equilibrio y la felicidad. De allí que me he dedicado a entender las causas que detienen su desarrollo y con ello la posibilidad de instrumentar nuevos planteamientos y mejores caminos para alcanzar la tan añorada plenitud.

Me he especializado en educar educadores: madres y padres de familia, maestros, abuelos y todos aquellos que necesitan estrategias claras para poder sacar lo mejor de los demás; allí donde se encuentren, ya sea en familias, en escuelas o en empresas los cursos y talleres extienden el potencial de cada persona.

Los educadores de hoy, pese a querer hacer una buena labor, se debaten entre seguir el esquema de autoridad anterior, o atreverse a modificarlo. El problema se encuentra en la confusión de no saber qué cambios son los que se deben adoptar para evitar caer en el autoritarismo que ellos mismos enfrentaron y por ello, atrapados al no encontrar opciones viables que los eduquen en términos de respeto y armonía.

Podría parecer un truco de la vida pero, sin notarlo, los educadores pueden estar reforzando comportamientos inadecuados, o tal vez limitando el crecimiento. El ansia por tener el control nos hace manejar la frustración y el enojo de forma inadecuada, creyendo controlar las situaciones con  pleitos o intercambios de frases y actitudes dolorosas que no llevan a ningún sitio.

Todos los caminos llegan a algún lugar, el problema está en transitarlos sin tener claro a dónde nos llevan. Los caminos se debieran decidir en función al lugar a donde queremos llegar sin embargo, hay ocasiones en que la vida misma nos va llevando y no sabemos bien a dónde. Dada la multitud de situaciones que se nos presentan sin haberlas imaginado, vamos reaccionando y sin notarlo, andando.

Mi pretensión fundamental es ayudar a encontrar aquellos caminos que nos garanticen ir construyendo confianza y competitividad, no importando lo cotidiana que a veces parezca la labor educativa. Nuestras reacciones serían más adecuadas si tuviéramos la tranquilidad de saber que nuestras metas se están logrando en el día a día, aun cuando la vida parezca demasiado diaria, podemos saber que contamos con parámetros seguros que construyen libertad y desarrollan criterio, que estamos forjando personas fuertes, que saben tomar buenas decisiones, comprometidas con su entorno y con los demás.  Ayudar a construír un mundo que vea posible la armonía y la solidaridad.

Considero que la aproximación más adecuada para ver realizada esta enorme tarea, debe estar sustentada en  principios antropológicos y filosóficos, que miren al hombre desde sus propias raíces para permitir conectarse con la entidad humana primaria, fuente de deseos y potencial, pero también de miedos y mal entendidos. Percibir la formación como aquello que atienda realmente la forma es decir, lograr que la identidad se desarrolle en plenitud, viendo los talentos no como capacidades, sino apenas como materia prima, hará que las metas educativas sean de mayor trascendencia y permanencia.

He desarrollado Talleres como “Papás eficaces, hijos responsables”, “El desafío de la adolescencia”, “Maestros de cuello alto”, “Instructivo para ser abuelo”, entre otros, que han tenido un importante impacto en la vida de miles de familias. Programas donde se reacomodan conceptos y se iluminan ideas que ayudan a educar hoy, consiguiendo desde el corto plazo resultados asombrosos. Al integrar el Taller en la vida cotidiana se consigue reencaminar las acciones educativas a la realización de metas más claras y mucho más trascendentes, porque se logra visualizar con más agudeza las opciones que se tienen para demostrar afecto, desarrollar empatía, sembrar hábitos, saber el secreto del estímulo, lograr colaboración, exigir carácter, permitir errores, optar por el buen humor y caminar hacia metas llenas de plenitud.

El acercamiento a este sistema varía desde conferencias de gran aforo, talleres de menos participantes o sesiones de coaching individual. Mi trabajo me llena de vida porque he visto que toda persona tiene la capacidad de realizarse y sentir la plenitud del reto de vivir en expansión, encontrando las condiciones adecuadas de desarrollo y auto conocimiento.

Como anillo al dedo

“Lograr sacudir el alma, es desprender del cuerpo lo que ya no te sirve, para moverte hacia otro lugar en donde te haga sentir más plena y feliz”

Ale Velasco